jueves, 8 de octubre de 2015

Guion de La Nona (Capitulo 1)

LA NONA - CAPITULO 1

NARRADOR.Martes, aproximadamente, a las ocho de la noche. En la cocina esta María, que pela arvejas frente a una enorme olla; Anyula, que ceba mate, y la Nona,  que está sentada en una silla y come pochoclo en forma continuada. En su pieza, está Chicho tirado en la cama leyendo el diario del día. Anyula le tiende un mate a María.

MARÍA.—No quiero más.
ANYULA.—Le voy a llevar a Chicho.
MARÍA.—Decile que es el último.
(Anyula golpea suavemente la puerta.  Chicho, rápidamente, deja el diario y comienza una especie de tarareo, simulando cantar un tango)
MARIA. —Tomá.
(Chicho da dos o tres sorbos)
CHICHO.—Está medio frío, tía.
ANYULA.—Caliento el agua. ¿Vas a tomar más?
CHICHO.—Eh... estoy componiendo. Y cuando compongo...
ANYULA.—¿Algo nuevo?
CHICHO.—Hoy empecé otro tango. «De mi pobre corazón...» (Marca los típicos compases finales del tango.) ¿Te gusta?
ANYULA.—(Contenta) Mucho. Sacaste el oído de papá. De toda la familia sos el único que salió músico. ¡Y a él que le gustaba tanto! Si pudiera escucharte...
CHICHO.—Me escucha, tía, me escucha... A veces siento aquí... Es el Nono, desde el cielo, que me dice: «Bien, Chicho, bien».
CHICHO.—Cébate otro, tía. Pero calentito, ¿eh?
ANYULA.—Sí, querido, sí. Voy a calentar el agua.
(Anyula se dirige a la cocina)
MARÍA.—(Indignada) ¿Qué? ¿Vas a seguir tomando?
ANYULA.—Está componiendo. Un tango muy lindo.
MARÍA.—Vos sos muy buena, Anyula.
ANYULA.—¿Qué querés? Es mi sobrino preferido. Carmelo es muy bueno, también, muy trabajador. Ya sabes cómo lo quiero. Pero Chicho... ¡qué sé yo! Es un artista.
MARÍA.—(Irónica.) Sé... Un artista.
ANYULA.—Como papá.
(La Nona agita la bolsita de pochoclo vacía)
NONA.—Má pochoclo.
MARÍA.—(Enojada) ¡Qué pochoclo! Ahora vamos a cenar.
(La Nona agita la bolsita vacía cerca de la cara de Anyula)
NONA.—Má pochoclo, nena.
ANYULA.—No quedó más, mamá. (A María.) ¿Le voy a comprar?
MARÍA.—(Enojada) ¡Pero no! No tiene que comer porquerías.
NONA.—(A María) ¿No tené salamín?
MARÍA.—(Enojada) ¡Qué salamín! Espere la cena, te dije.
NONA.—¿Un po de formayo?
MARÍA.—(Enojada) ¡Nada, te dije! Aguantate hasta la cena. Anda a tu pieza, vamos. Cuando esté la cena, yo te llamo. ¿Qué tenes en el bolsillo? (Le saca el pan.) ¡Pero qué cosa!
(La Nona sale rezongando.)
MARÍA.—No tenes que comprarle todo lo que le pida, Anyula… ¿Está la cena lista?
ANYULA.—Falta todavía.
(Entra Marta)
MARTA.—Me voy mamá.
MARÍA.—¿Vas a salir?
MARTA.—Estoy de turno.
MARÍA.—¿Otra vez? Esta semana ya van tres veces. ¿No es una vez por semana?
MARTA.—Sí... pero esta semana es así. ¿Me prestas tu reloj?
MARÍA.—¿No vas a comer nada?
MARTA.—Como algo cerca de la farmacia.
MARÍA.—(Preocupada) ¡Nena...! Te vas a enfermar.
MARTA.—La farmacia es un trabajo sacrificado. Ya lo sabés.
MARÍA.—Sí, pero vos vendés perfume. ¿Por qué tenés que quedarte toda la noche?
MARTA.—¡Ay, mamá...! Querés que te lo explique todo.
(De la calle llega el sonido de varios bocinazos)
MARTA.—Ahí está el farmacéutico. Chau. (Besa a María.) Chau, tía.
(Al salir tropieza en la puerta con Carmelo, su padre)
CARMELO.—Hola. ¿Te vas?
MARTA.—Estoy apurada. Chau, papá.
(Besa a Carmelo rápidamente y sale)
CARMELO.—Estás de turno otra vez. Pobre nena. Lo que es el farmacéutico ese… debe ganar bien. Dos por tres cambia de auto. Hoy se vino con un Falcon. (Tiende el paquete a María.) Toma. Todo lo que quedó.
(María abre el paquete y saca unas verduras)
MARÍA.—(Reprochando) No me trajiste perejil.
CARMELO.—Lo vendí todo.
MARÍA.—(Reprochando) ¡Justo hoy que hice guiso!
CARMELO.—Un perejil lindo, crespito. Me lo sacaron de la mano.
MARÍA.—Y los zapallitos no van a alcanzar.
CARMELO.—¡Tenés como dos kilos ahí! Ayer traje cinco.
MARÍA.—(Con un gesto que significa «no es extraño».) ¿Y...?
CARMELO.—Si traigo todo lo que me pedís... Para eso cierro el puesto. Le digo al mayorista que me traiga el pedido a casa.
ANYULA.—Yo casi ni comí zapallitos ayer.
CARMELO.—¡Bah, Anyula...! Si no digo por vos.
ANYULA.—Es que yo soy una carga.
MARÍA.—Anyula... haceme un favor. Crusate hasta lo de Vicente y trae dos kilos de zapallitos y un poco de perejil.
CARMELO.—(Indignado) ¡Mirá vos...! ¡En mi casa hay que ir a comprarle al chorro ese!
MARÍA.—¿Cómo anduvo la venta?
CARMELO.—Bien... Viste lo que quedó. En ese barrio se vende muy bien (Pausa.) ¡Eh... si nosotros podríamos vivir sin problemas! ¡Qué lo parió!
MARÍA.—(Preocupada) ¿Qué pasa?
CARMELO.—(Preocupado) ¿Qué va a pasar? Que no llegamos a fin de mes. ¡Eso pasa! ¿Vos anotaste todos los gastos?
MARÍA.—Falta lo de hoy.
CARMELO.—Y Bué… Y todavía falta lo de hoy. (Cierra un cuaderno con fastidio y lo guarda en el aparador.) No sé... No pagamos alquiler... no nos damos lujos... Yo, ni ropa me compro.
MARÍA.—Yo tampoco.
CARMELO.—(Indignado) Esto no puede seguir así. La idea de ahorrar para poner el mercadito, bueno... Mejor que me la olvide. Pero si esto sigue así, voy a tener que vender el puesto de la feria.
(Se hace una pausa)
MARÍA.—Si tu hermano trabajara...
CARMELO.—¿Otra vez con eso? Eh... Chicho es un artista.
MARÍA.—¡Un artista! Pero come y vive a costa tuya.
CARMELO.—Uno de estos días la pega y nos vamos todos para arriba… Digo yo... Con eso puede ganar mucha plata.
MARÍA.—¿Componiendo tangos? ¿Me querés decir quién gana plata hoy componiendo tangos?
CARMELO.—Según él, los puede vender al Japón.
MARÍA.—Por favor, hace veinte años que está componiendo y nunca terminó nada.
CARMELO.—Sé... la verdad que... Pero a Chicho lo podemos aguantar. Anyula en lo que más gasta es en yerba, pobrecita... La Martita aporta lo suyo… No... el problema de esta casa es otro.
NONA.—(Imperativa.) ¡E cuándo si manya!
MARÍA.—(Imperativa) Le dije que le iba a avisar.
NONA.—(Se sienta a la mesa.) La picadita.
(Ingresa Anyula con un paquete de zapallitos)
ANYULA. .—Tomá María.
MARÍA.—Gracias, Anyula. Decile a Chicho que venga a cenar.
ANYULA.—(Levantando la voz) Chicho... a comer.
(Chicho emite un gruñido)
ANYULA.—(Levantando la voz) A comer, querido.
CHICHO.—(Semidormido.) Cebate unos mates, tía.
ANYULA.—Está la cena servida. Después te hago los matecitos, ¿eh? Vamos.
NONA.—U pane.
MARÍA.—Traigan el pan del aparador. Vos sentate, Carmelo. Anyula, servile la sopa a Carmelo.
(La Nona golpea con el tenedor el borde del vaso)
NONA.—Vino.
CARMELO.—El destapador, María.
(La Nona sigue golpeando el vaso)
CARMELO.—(Levantando la voz) ¡Ya va, Nona! No seas impaciente.
NONA.—¿No hay escabeche?
CARMELO.—(Por el tenedor.) Saca eso, Nona.
(Carmelo le sirve vino. La Nona lo bebe enseguida)
NONA.—Termené.
MARÍA.—Déjeme a mí. Traeme un plato hondo, Anyula.
(La Nona vuelve a reclamar vino. Carmelo le sirve. María coloca frente a la Nona un plato de guiso cubierto hasta los bordes)
NONA.—Formayo.
CARMELO.—¡Y ahí tiene, Nona!
NONA.—(Enojada.) ¡Ma no! ¡Formayo de rayar!... Ma no, ya que está, decalo.
ANYULA.—Creo que hay rallado.
NONA.—¿Y el perequil? ¡¡El perequil, María!!
CARMELO.—(Levantando la voz) ¡Ya va, Nona!
(Los demás comienzan a comer. Aparece Chicho)
CHICHO.—¿Queda algo?
ANYULA.—Hay guiso calentito.
CHICHO.—Si no hay, no importa.
ANYULA.—Come el mío. Te llamé, pero estabas dormido. No te quise despertar.
CHICHO.—No dormía, tía. Escuchaba mi música.
MARÍA.—(Irónica.) ¡Jmmm!
CHICHO.—Me gusta cerrar los ojos y escuchar mi música.
NONA.—Má guiso.
MARÍA.—No hay más.
CHICHO.—Toma, Nonita.
CARMELO.—No le des más, que ya comió.
CHICHO.—Un poquito. ¿Cómo le vas a negar un poco de comida a la Nonita? (Le acaricia la cabeza.) Nonita... la cabeza blanca como paredón iluminado por la luna. Y esas arrugas que son surcos que traza el arado del tiempo.
ANYULA.—(Embelesada.) ¡Qué cosas lindas decís!
CHICHO.—Nonita... ¿Te acordas cuando me llevabas a pasear a la plaza?... Un niño que descubría un mundo agarrado a la pollera de una abuela… Nonita... el niño aquel se hizo hombre y la abuela es un rostro dulce que lo mira desde el marco de una pañoleta negra.
NONA.—U pane.
CARMELO.—(Enojándose) ¿Qué pan, Nona? Ya comiste.
NONA.—¿Galleta marinera no tené?
CARMELO.—(Enojado) ¡Qué galleta marinera! ¡Vamos! Andate a dormir.
NONA.—El postre.
CARMELO.—María, dale dos manzanas. Y que se vaya a la pieza. ¡Vamos!
CHICHO.—Dejala un rato más. Es casi el único momento que tengo para estar con ella.
MARÍA.—(Irónica) ¡Claro...! ¡Cómo vos estas tan ocupado...!
CARMELO.—Que se vaya a la cama. Chicho, tenemos que hablar. Vamos, Nona.
NONA.—A domani.
(Todos saludan)
CARMELO.—Vos también podes irte a la cama, tía.
ANYULA.—Tengo que ayudarle a María a lavar los platos.
CARMELO.—Deja. Hoy la ayudo yo. Anda a dormir.
ANYULA.—Hasta mañana, entonces.
(Todos saludan. Carmelo saca una botella de grapa y se sirve)
CARMELO.—(Serio) Oíme Chicho... Yo sé que vos sos muy sensible a estas cosas.
CHICHO.—(Preocupado) ¿Le pasa algo a la Nonita? ¿Está en yantas?
CARMELO.—¿Cómo?
CHICHO.—¿Está chacabuca? ¿Enferma?
CARMELO.—¿Quién?
CHICHO.—La Nonita.
CARMELO.—Está mejor que nunca. ¿No la viste?
CHICHO.—Mi Nonita... Si le pasara algo, no podría soportarlo… La abuela, en cuyo regazo alguna vez...
CARMELO.—(Levantando la voz) ¡Pará! ¡Pará! (Pausa.) Oíme, Chicho... Esta casa no puede seguir así. Este mes no llegamos.
CHICHO.—¿Adónde?
CARMELO-—¡Con la guita! No llegamos. Oíme... ya sé que estas cosas te hacen mal, pero tenés que hacerle frente de una vez por todas. Vos sos un artista, lo sé... Nunca te hablé de los problemas de la casa.
CHICHO.—Ya no voy a poder componer. ¡No voy a poder componer!
CARMELO.—¡Pero tenés que entenderlo! El puesto de la feria no da para más, ¿entendés? (Levantando la voz) ¡No da para más! La Nona me lo está morfando.
MARÍA.—Bajá la voz que te puede oír.
CARMELO.—(Cuchichea.) ¡Me lo está morfando! ¿Me oís? Es como mantener a diez leones juntos.
CHICHO.—(Lamentoso.) Nonita...
CARMELO.—¡Nonita, Nonita, pero nadie hace nada!
CHICHO.—Servíme una copita de grapa, Carmelo.
(Carmelo, de mala gana, le sirve grapa)
CARMELO.—(Preocupado) Yo no sé... O esto se soluciona, o... tiene que haber otro ingreso.
CHICHO.—¿Otro ingreso?
CARMELO.—Y claro.
CHICHO.—¿Y vos podrás tener otro trabajo?
CARMELO.—¿Otro trabajo? ¿Pero vos estás loco?
MARÍA.—(Interrumpiendo) Carmelo se levanta a las cuatro de la mañana y vuelve a las ocho de la noche.
CARMELO.—Pará, María.
CHICHO. —¿Y la Martita?
CARMELO.—Marta trabaja. Algo aporta.
CHICHO.—Entonces, no sé... No se me ocurre nada.
MARÍA.—¿El pescadero no te dijo que precisaba un ayudante?
CARMELO.—Sí... Un ayudante.
(Pausa tensa)
CHICHO.—(Pensativo) Ahora, digo yo... La Nona está muy viejita, ¿no?
CARMELO.—Sí. ¿Y?
CHICHO.—Y bue... ¿Cuánto más puede...? (Lloroso.) ¡Dios le dé larga vida! Uno... dos añitos... Pasan volando.
CARMELO.—Cuando cumplió ochenta y ocho, me dijiste lo mismo, y tuve que vender el taxi.
CHICHO.—¡Y bueno! Pasaron doce años. Se la ve avejentada.
CARMELO.—¿Y qué querés? ¿Que ahora tenga que vender el puesto de la feria?
CHICHO.—No, eso no.
CARMELO.—Entonces voy a tener que hablarle al pescadero.
CHICHO.—¡Pará... pará! Estas cosas hay que pensarlas bien. No hay que apurarse. (Toma el diario y se pone a leer los avisos clasificados.) Algún laburo tranquilo tiene que haber. ¿Ves? Aca hay uno. (Lee.) «Persona adulta se necesita para todo tipo de cobranzas.»
CARMELO.—Bueno... Si lo del pescadero no te gusta y las cobranzas te dejan... Para mí es lo mismo. (A María.) ¿No?
CHICHO.—(Sin dejar de leer.) No es para mí. Pensaba en la Nona.
CARMELO y MARÍA.—¿En la Nona?
CHICHO.—Y claro. ¿No dijiste que el problema de esta casa es la Nona? Y bueno... hay que resolverlo con la Nona.
CARMELO.—¿Pero cómo vas a mandar a la Nona a hacer cobranzas?
CHICHO.—Se las puede rebuscar por el barrio. Le ayudamos a cruzar la avenida y puede agarrar todo el sector comercial.
CARMELO.—(Indignado) ¡Pero no, Chicho! Además, se va a hacer un lío con la plata.
CHICHO.—Le anotamos en un papelito...
CARMELO.—(Imperativo) ¡No va, Chicho!
MARÍA.— Yo me voy a dormir. ¿Vamos, Carmelo?
CARMELO.—(Imperativo) Si. Y ya sabés, mañana le hablo al pescadero.
CHICHO.—¡Pará un poquito! (Obliga a Carmelo a sentarse.) Lo de las cobranzas no va. Está bien. Pero tiene que haber otra cosa.
CARMELO.—Oíme, dejate de líos.
CHICHO.—(Que sigue recorriendo los avisos.) ¡Es increíble la falta de oportunidades que hay en este país!
CARMELO.—Pero escuchame, Chicho... ¡tiene cien años! ¿Dónde va a conseguir laburo?
CHICHO.—¿Y por qué no? La gente, cuando no trabaja, se muere. Además, acá se aburre todo el día. ¿Y en lo del pescadero? Según vos, es un trabajo tranquilo.
CARMELO.—Pero se tiene que levantar a las cuatro de la mañana.
CHICHO.—(Indignado) ¡Ah, y me lo querés encajar a mí!
CARMELO.—Pero escúchame... Para vos es un laburo ideal. Haces el turno de la mañana. De cinco a una.
CHICHO.—(Levantando la voz) ¡Ocho horas!
CARMELO.—Tenés toda la tarde libre.
CHICHO.—Yo a la tarde no puedo componer, Carmelo.
CARMELO.—Bueno... ¡que sé yo! Por ahí te puedo conseguir el turno de la tarde. (Se pone de pie.) Me voy a dormir.
CHICHO.—¡Para un cacho! (Con gesto de descubrimiento.) ¡Ya está! ¿Pero cómo no se nos ocurrió? (Carmelo lo mira).
CARMELO.—¿Qué cosa?
CHICHO.—La jubilamos.
CARMELO.—¿A la Nona?
CHICHO.—Y claro. ¿Cómo se llamaba ese amigo tuyo que era gestor?
CARMELO.—¿Y jubilarla de qué? Si la Nona nunca laburó.
CHICHO.—Qué sé yo... (Piensa rápidamente.) Profesora de italiano.
CARMELO.—¡Pero vos estás loco!
CHICHO.—Bueno... eso se piensa. Hablale a tu amigo.
CARMELO.—¡Pero no! Además, la jubilación es una miseria. ¡No, Chicho, no! Y me voy a la cama.
CHICHO.—(Preocupado) Pará... pará... Tomemos otra copita, ¿eh? ¡Dale, serví!
(Carmelo llena las copitas)
CHICHO.—Escúchame... ¿Por qué no la hacemos ver por un médico?
CARMELO.—Desde que tengo uso de razón, jamás vio un médico.
CHICHO.—Qué querés que te diga... (Dudoso) Yo no la veo nada bien.
CARMELO.—Si el hambre es salud...
CHICHO.—No te engañés, Carmelo. Está comiendo menos. Hoy al mediodía no almorzó.
CARMELO.—(Con asombro.) ¿No almorzó?
CHICHO.—Bueno, casi... Y a la tarde... estábamos solos, le ofrecí café con leche y no quiso.
CARMELO.—¿No quiso? ¿Seguro?
CHICHO.—Como lo oís. Y me dijo que iba a empezar a hacer régimen.
NONA.—Bonyiorno.
CARMELO.—(Sorprendido) ¡Nona! ¿qué haces levantada?
NONA.—Vengo a manyare el desachuno.
CARMELO.—¿Qué desayuno?
NONA.—El desachuno. E la matina.
CARMELO.—¿Qué matina? Son las diez de la noche.
NONA.— (Enojada) Ma, ¿y la luche?
CARMELO.—(Mira a Chicho.) La luche...¿Qué luche?
NONA.—(Más enojada.) ¡La luche! ¡II giorno!
CARMELO.—Es la luz eléctrica, Nona. Mira… ¿No ves que es de noche?
NONA.—Ma...tengo fame.
CARMELO.—(Indignado) Hace quince minutos que terminó de comer.
NONA.—¿Quince minutos? Con razón. ¿No tené un cacho de mortadela?
CARMELO.—Es hora de dormir, no de comer. ¡Va...! (Imperativo) Vamos a la cama.
NONA.—(Se sienta a la mesa.) Ma... ya que estamo. El desachuno.
CARMELO. —(Fastidiado.) ¡Qué desayuno ni desayuno! ¡Vamos!
CHICHO.—Pará, Carmelo... (Acaricia la cabeza de la Nona.) Nonita...
NONA.—Dame un cacho de mortadela.
CHICHO.—Sí, Nonita, sí... Carmelo, hacele un sánguche a la Nona. Y después se va a la cama, ¿eh?... Usted, Nonita... ¿Nunca le duele nada? (Le toca donde supone que está el hígado.) ¿Aca? ¿Duele?
NONA.—(Ríe).
CHICHO.—¿Duele?
NONA.—(Ríe). Me fa cosquiya. (A Carmelo.) Bien cargadito, Carmelo.
CHICHO.—¿Y el pulsito? ¿A ver...?... ¿Y ese sarpullido? No me gusta nada.
(Llega Carmelo con el sándwiche)
CARMELO.—Toma. Y ahora a la cama. Vamos.
(La Nona sale masticando. Ambos la miran salir)
CARMELO.—Así que régimen, ¿eh?
CHICHO.—(Dudando) Yo no la veo nada bien.
CARMELO.—(Se encamina hacia la pieza). ¡Dejate de joder!
CHICHO.—Escúchame... hagámosla ver por un médico. No se pierde nada. Además...tiene cien años. Ponele que te diga un año, ¿viste? Para qué te vas a andar haciendo mala sangre con el laburo, ¿no?
CARMELO.—(Luego de una pausa.) Está bien. Vamos a ver qué dice el médico.
CHICHO.—Fenómeno, Carmelo.
CARMELO.—(Le apunta con el índice. Imperativo) Pero si, como pienso, no tiene nada, mañana mismo le hablo al pescadero.


NARRADOR.Fin del capítulo. ¿Vendrá el médico para revisar a La Nona? ¿Chicho tendrá que madrugar para trabajar en la pescadería? ¿La Nona dejara de comer en algún momento? Entérese como continúa esta historia en el próximo capítulo de “La Nona”.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario